 ¡Odio el Hurry Up!
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| El día empieza a las cinco y media de la mañana, después de dormir la friolera de tres horas, me preparo para estar a las seis en casa de mi compañero de viaje, colocamos el GPS, un poco de buena música y nos ponemos en camino al XII Salón del Manga de Barcelona.
El camino resultó poco accidentado, escaso de coches, con un bonito amanecer y buen tiempo. Seis horas y media después, estamos llegamos a nuestro lugar de destino, aparcamos y vamos al Terminal de Servicaixa mas cercano a recoger las entradas previamente compradas.
Después de varios intentos fallidos y de unos NO agradables momentos en frente del terminal de Servicaixa (en los que nos acordamos de la santa madre de los que llevan ese servicio), comprobamos que para que salgan las entradas, antes tienes que hacer varios intentos en los que te pone cosas como “tarjeta no reconocida” y “entradas ya impresas”, entonces y solo entonces, te imprime las entradas.
Bien, pues nos suponemos que al tener las entradas nos hemos ahorrado unas horas de cola, y vamos raudos a ver que se cuece por el XII Salón del Manga de Barcelona. Llegamos al recinto y nos encontramos dos colas kilométricas (sin exagerar), así que preguntamos a una amable persona que nos indica que una cola es para entrar y otra es para la venta de entradas. ¡Pufff! Menos mal, pienso, nos hemos ahorrado una de las “kilométricas”, así que nos ponemos en la cola de “entrar” y al mirar para atrás veo que la entrada está allí mismo y que la cola da toda la vuelta al recinto. Pero nada, ¿estamos allí para entrar? ¿no? ¡pues a esperar tocan!.
Tengo que hacer una mención especial antes de continuar a la amable persona que se encontraba delante de nosotros y que cuando le preguntamos “¿este es el final de la cola?” nos miró con la mirada perdida en el infinito (lo que yo llamo “La mirada de los mil metros”) y respondió (ocho segundos después) con una especie de siseo “ssssssssssi”.
Durante la larga espera de unas tres a cuatro horas, pude comprobar muchas cosas que paso a contar. Que la imaginación a la hora de disfrazarse no tiene límite, así como la paciencia para retratarse con los demás una y otra vez. Que los temas de conversación se reducen a MANGA y JUEGOS de forma cíclica e infinita. Que cualquier tío raro cuando habla con su madre es capaz de decirle “mamá, me estoy haciendo fotos con un montón de tíos raros” y quedarse tan ancho. Que por muy raro que te crean tus conocidos, NO TIENEN NI IDEA de lo que se puede llegar a ser y que los cursos de Japonés tienen más aceptación de la que se puede suponer.
Unas horas después estamos a las puertas de entrar en nuestro primer salón del manga, con mucha ilusión, con ganas de abrir los brazos y respirar el ambiente. Al momento por fin ¡estamos dentro!.
Lo primero que observo es que “abrir los brazos y respirar el ambiente” no es precisamente algo que se pueda hacer fácilmente, ya que hay muchísima gente y “snif….snif” resulta que huele como un gimnasio mal ventilado. Supongo que si sumamos una temperatura alta para la época del año, con muchísima gente con una notoria falta de previsión por parte de la organización, el resultado es un calor y un olor a “humanidad” bastante desagradable.
Pero bueno, estamos allí para algo, así que aguantando el calor y el olor, empezamos a ver cosas cuando ¡PUM! Parece que un despistado se ha topado conmigo, “no se ha dado cuenta” pienso yo y continuo mi camino hasta que ¡PUM! “Otro despistado” y ¡PUM! y ¡PUM! y ¡PUM!, más de lo mismo “Esta situación me está empezando a tocar las pelotas” pienso y lo peor de todo es que de todos los encontronazos y pisotones con “despistados” en ningún caso ninguno se digno a mirarme y decirme “disculpa” o “perdona tío” o “mira por donde andas”, solo indiferencia.
Así que decido cambiar de tercio y subirme por unas por unas escaleras a una plataforma que hay arriba y hacer unas fotos, pero, resulta que las escaleras están invadidas por gente sentada, a la que le preocupa muy poco que quede un espacio mínimo para los transeúntes, es más, antes de llegar a las escaleras hay una maraña de gente comiendo sentada en el suelo entre restos de envoltorios de comida. Algo bastante asqueroso a mi entender.
Mientras tanto al fondo del salón hay una especie de representación la cual apenas se alcanza a ver dada la gran cantidad de gente.
Por lo tanto, después de ver lo que se podía del salón, oliendo a mojama, sudado y algo indignado por el comportamiento general, recogí el manga que te regalaban con la entrada y salí de aquel pseudomercadosaunamaloliente teniendo claro que al día siguiente iría a otro sitio a ver otras cosas mas interesantes.
Lo mejor: Lo amable y paciente de los “disfrazados” y los expositores. Lo peor: Suciedad, Olor, Calor, Muchísima gente y sobre todo la organización.
Próximamente añadiré alguna que otra foto. |