Venimos a este mundo sin nada. Y sin nada nos vamos de él. Entre la venida y la ida hay quien prefiere acumular riquezas, hay quien prefiere acumular poder, hay quien acumula traiciones, engaños y mentiras, hay quien no acumula nada. Pero hay, también, quien acumula Honor. Honor con mayúsculas, el Honor de la verdad, no el de boquilla (o bocaza) y, desde luego, no el de los bocazas.
Quien no lo tiene no sabe lo que es y, seguramente, se reiría mucho de todas estas chorradas sin sentido y, sobre todo, sin porvenir material, si las viera o las oyera. Hace bien. Que siga acumulando indignidad y despotismo.
Quien no lo tiene no sabe lo que es la amistad (y, por tanto, no sabe valorarla), la honestidad (y se ríe de ella), la sensatez, la seriedad, la honradez, el rigor (no el mortis), la generosidad, la amabilidad, la integridad, la nobleza ...
Quien no lo tiene, se pasa todo eso por su arco del triunfo y va coleccionando enemigos. Sin embargo, la vida, tarde o temprano pasa factura por todo y nadie se va de rositas. De modo que el Honor de la verdad, yo creo (aunque reconozco que a la vista de cómo anda el patio, debo parecer un chiflado equivocado), es algo mucho más práctico de lo que, a simple vista, pueda parecernos.
Por eso, incluso a los que lo desprecian no les vendría nada mal atesorar un poco.
salu2 Darth